En el Día Mundial del Rewilding, los Esteros del Iberá vuelven a posicionarse como uno de los escenarios más emblemáticos de la restauración ambiental en Sudamérica. Este vasto humedal correntino no solo es un refugio de biodiversidad, sino también un verdadero laboratorio a cielo abierto donde la naturaleza está recuperando su equilibrio.
Una de las herramientas clave detrás de este proceso son las translocaciones “de silvestre a silvestre”: el traslado de animales libres desde regiones donde abundan hacia otras donde desaparecieron. En Iberá, esta estrategia fue fundamental para reintroducir especies como el yaguareté, el oso hormiguero y el ocelote, piezas esenciales para recomponer las cadenas ecológicas.
El concepto de rewilding va más allá de conservar: busca restaurar ecosistemas completos. En Iberá, esto se traduce en devolver funciones naturales como la depredación, la dispersión de semillas y el control de poblaciones. La reaparición de grandes depredadores, por ejemplo, genera efectos en cascada que impactan positivamente en la vegetación, la fauna y hasta en procesos como la captura de carbono.
Este modelo no sería posible sin una red de cooperación creciente entre provincias argentinas. Corrientes ha recibido fauna clave desde distintos puntos del país y, al mismo tiempo, ha aportado ejemplares —como el yaguareté— para restaurar ambientes en otras regiones, consolidando un verdadero “federalismo ambiental”.
A diferencia de otros métodos, trabajar con animales silvestres garantiza una mejor adaptación y mayores tasas de éxito. Así, Iberá se convierte en referencia internacional, demostrando que la articulación entre ciencia, estados y organizaciones puede revertir la pérdida de biodiversidad.
Hoy, cada especie que regresa confirma que restaurar la naturaleza no solo es posible, sino urgente y transformador.

















