Senderismo

Caminá senderos interpretativos rodeados de fauna y vegetación nativa.

Senderismo en el Iberá: caminar el gran humedal con todos los sentidos abiertos

Hay una diferencia fundamental entre ver el Iberá desde una embarcación o desde un vehículo y caminar el Iberá. En la embarcación el paisaje pasa; en el senderismo vos pasás por el paisaje, que permanece. Caminás sobre el suelo que soporta ese ecosistema, respirás el olor específico del pastizal húmedo o del monte en flor, escuchás los sonidos desde adentro —no desde afuera— y encontrás la fauna no en el momento en que se te acerca sino en el momento en que vos llegás a ella. El senderismo en el Gran Parque Iberá en la provincia de Corrientes es la forma más directa, más silenciosa y más íntima de entrar en contacto con este humedal extraordinario.

Los senderos del Gran Parque Iberá: diversidad de ambientes y experiencias

El Gran Parque Iberá dispone de senderos señalizados en todos sus portales, cada uno con características propias que reflejan los ambientes que atraviesan:

El Parque Nacional Mburucuyá concentra algunos de los senderos más variados del sistema del Gran Parque Iberá. La diversidad de ambientes —esteros, pastizales, palmares de yatay, bosques en galería— que coexisten en un territorio compacto hace que los recorridos a pie permitan atravesar ecosistemas completamente distintos en la misma jornada. El avistaje de aves a lo largo de los senderos del Parque Nacional Mburucuyá es especialmente rico por esa misma razón: cada tipo de vegetación atrae sus propias especies.

El Portal San Nicolás ofrece senderismo en pastizal abierto —el ambiente que más claramente define este portal— donde el avistaje del ciervo de los pantanos y del aguará guazú es parte habitual de los recorridos a pie. El Portal San Antonio combina senderos por pastizal y borde de estero con la riqueza cultural del entorno jesuítico-guaraní de Loreto. El Portal Carambola es el portal con la red de senderismo más extensa: sus senderos conectan la base del Camping Carambolita con los refugios distribuidos por el territorio del portal, creando la posibilidad de caminatas multi-día.

Senderismo con guías locales del Iberá: la diferencia entre ver y entender

El senderismo en el Gran Parque Iberá puede realizarse de manera autónoma por los senderos señalizados, pero la experiencia con guías locales es de una calidad completamente diferente. Los guías del Iberá son, en su mayoría, personas nacidas en los pueblos del entorno del Gran Parque que conocen el territorio desde la infancia. Su conocimiento del ecosistema no es libresco ni aprendido en un curso: es acumulado en miles de horas de recorrido, de observación y de escucha activa del humedal.

Un guía local del Iberá puede identificar el llamado de una ave a doscientos metros de distancia, leer las huellas en el barro para determinar qué animal pasó por allí y cuántas horas hace, distinguir entre las plantas medicinales y las tóxicas del monte, y narrar la historia de cada sector del territorio con la autoridad de quien la vivió. Esa diferencia de experiencia transforma el senderismo en el Iberá de una actividad agradable en una experiencia formativa.

Caminatas nocturnas en el Iberá: el humedal que cambia de cara de noche

Las caminatas nocturnas en el Iberá son, para muchos visitantes, el momento más impactante de toda su estancia en el Gran Parque. El humedal cambia radicalmente cuando cae la noche: la fauna diurna se retira, la fauna nocturna emerge, los sonidos se multiplican y modifican, y el cielo del Iberá —libre de contaminación lumínica— despliega una cantidad de estrellas que resulta difícil de procesar para quienes vienen de vivir en ciudades.

Durante las caminatas nocturnas con guías, la linterna o la luz frontal revela los ojos de los animales que el día mantiene ocultos: los yacarés brillan con un rojo intenso desde la superficie del agua, los sapos y las ranas se congregan en los bordes de los senderos, los búhos y las lechuzas se dejan ver posados en ramas bajas y, ocasionalmente, el rastro de algún mamífero nocturno —el aguará guazú o el ocelote— cruza el sendero delante del grupo.